Una mirada, dos miradas, tres encuentros. No bastaban para reconocerse. Ninguno sabia que dentro de tanto tiempo se estarían viendo de tan cerca. Se encontraron de casualidad pertinente, ella con el alma rota y el con un vestigio de esa palabra de 4 letras, con la vista empañada ninguno miraba de frente.
Quizás no quería creerle, porque ya no quería creer en nada, pero tenia eso de pensarse muchos las cosas. Llevaron por tanto tiempo vidas paralelas que desconfiaba en un destino común.
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