El vapor de un café no puede empañar lo que siento, lo veo claramente somos inevitables.
Siento mi te enfriarse mientras clavo mi ojos en los tuyos, cristal verde.
La lluvia moja las calles que han sido testigo de un amor inusual que se engrandece entre palabras y tus abrazos silenciosos. Puedo contemplar tus manos y cuando las veo descubro que sólo en ellas puedo conocer las asperezas de tu vida y la suavidad de tus caricias.
El frío roza tu piel y la mía, el viento despeina mis cabellos mientras sigo tus pasos con palabras de amor atoradas en la garganta, con besos floreciendo en nuestras bocas. Somos cómplices secretos de una atracción magnética que renace todos los días y teje sueños comunes, visiones del mundo y ganas de estar juntos
Escucho el tono de tu voz cambiar todos los días, que me pone a balancear muda entre ideas que me alejan de mi, pero jamás de ti
Recuerdo las estrellas de una noche, el mar y el silencio. La Paz de encontrar algo que alimente el alma, la fortuna de coincidir en esta vida y no tener que esperar unas más. Recuerdo que aquella noche tu y yo fuimos infinitos.